Habla con Dios, desahógate con Dios, cuéntale a Dios, explícale a Dios, llora con Dios, descansa en Dios, espera en Dios.
Querido Jesús,
Me alegra poder escribirte desde un lugar de amor y honestidad; tú conoces mi mundo interior con precisión, así que me libero de cualquier pretensión por intentar ganar tu atención. Contigo puedo ser yo, y eso me alegra el alma.
¿Son cosas mías o el mundo calza patines de alta velocidad? Por momentos me siento abrumada, embestida por un cansancio mental y emocional que me hace sentir como malabarista de circo, tratando a toda costa no perder el equilibrio con todo lo que sostengo y depende de mí.
Necesito que me acurruques en tu pecho, que me permitas llorar hasta sentirme mejor; perderme en la dulce melodía de tus susurros de gracia, descansar bajo la sombra de tu mirada de amor.
Escucho las campanitas alegres que anuncian la llegada de la Navidad; enséñame a saborear su esencia, a reencontrarme con tus regalos eternos que superan mi razón. Me niego a comprometer mi tiempo y energía en actividades y tradiciones que me dejan en deuda conmigo misma: extenuada y vacía.
Ayúdame a transitar cada día con serenidad y gratitud, a decorar mi espacio consciente de que tú eres el agasajado y yo, tu invitada de honor.
Quiero celebrar cada cafecito mañanero, alegrarme en el exuberante regalo de tu gracia, regocijarme en la paz que se respira en tu presencia, descansar en la calma de tu cuidado, vestir mis pensamientos de gala con tus pactos inquebrantables.
Tu gracia, tu presencia, tu cuidado, tus promesas: baluarte firme y confiable del alma.
Gracias por el regalo de la oración. Te escucho.
¡Amén!
Amor y Gracia
Sandy


