A veces Dios serena la tormenta; otras veces me serena a mí en medio de ella. En ambos casos, nunca se separa de mi lado.
Para mi amiga, con emociones despeínadas y desafios con aliento de dragón…
Querida amiga,
Permíteme darte un abrazo lento y apretadito, mientras te recuerdo que estoy aquí para acompañarte, escucharte y sostenerte con mi amor y mis oraciones.
Desahógate con honestidad desde donde duele. Si solo quieres llorar y quedarte en silencio, no pasa nada; las lágrimas alivian y nos ayudan transitar con cierta claridad el camino, así sea por pequeños instantes.
Es cierto que el mapa lineal de tus planes se ha transformado en un garabato complejo y confuso; sin embargo, en aceptarlo y darle la bienvenida desde la fe —sin negar que estás en un incómodo lugar—, gradualmente sentirás el abrazo de una perspectiva sabia y ecuánime, que te permitirá ver el dilema mismo como oportunidad de crecimiento y transformación.
Paciencia, cariño. Esto no llegó para quedarse, solo viene de pasada, aunque hubieras preferido que nunca te visitara. Transforma tu preocupación en oración, de esas que espantan lo que te espanta.
Cultiva la calma y el poder de una voz interior que ama, cuida y sostiene.
Dios es más grande que “eso”.
Amor y Gracia,
Sandy


