Dios es experto en hacer obras de arte con nuestros garabatos.
Querido Jesús,
Aunque cada mañana me acompañas con mi café, hoy quiero hacer una pausa bonita: tomar tus manos entre las mías, mirarte a los ojos… y llorar. Nada es más importante que este dulce momento junto a ti. Estoy con Jesús; estoy en un lugar de privilegio inmerecido.
Quizás mi silencio sea más elocuente que lo que trato de articular, conoces las profundidades en mi corazón, sabes muy bien que siento como si tuviera fuegos artificiales en la panza. Sin embargo, aún así, con mi voz temblorosa y mis palabras imperfectas, quiero agradecerte por lo paciente que siempre eres conmigo, por escucharme sin juicios, por abrazar las heridas más profundas en mi con amor y ternura.
Permíteme tocar tus cicatrices con mis mejillas: tatuajes de amor que llevan mi nombre, historia de gracia que me premia con propósito, paz y plenitud.
Gracias por ser mi espacio seguro, por quedarte cuando los demás se fueron, por acompañarme sin juicios, por transformar las partes rotas de mi historia en umbral de misericordia, milagros y nuevos comienzos.
Gracias Jesús, ¡eres lo máximo!
Amor y Gracia,
Sandy


