Conversa con tus emociones el lenguaje de la fe. Háblale a tus montañas de lo bueno que Dios ha sido contigo.
¡Bendito instante donde comenzamos a ver las cosas desde una perspectiva superior!
Soy honesta con mis emociones: siento lo que siento, sin juzgarme. Acepto mi vulnerabilidad como parte de mi proceso de transformación. Desde el amor y la comprensión le doy la bienvenida al tsunami multicolor que me visita, las dejo pasar como nubes que vienen y van; como siempre, solo vienen de pasada, si así lo permito.
No es egoísta escuchar con amor el diálogo de tus emociones, validar tus sentimientos y expresar con claridad cómo te sientes, no para demandar empatía en otros, sino para encontrar dirección en tu interior.
Si por casualidad un nudo de garganta toca dulcemente a tu puerta, no lo resistas. Recíbelo con gratitud; llega para acompañarte, para recordarte que haces mucho más que el crédito que te das a ti misma. Las lágrimas son parabrisas del alma: aligeran la carga y alumbran el camino.
Para poder amar desde la belleza de mi esencia, primero debo elegir amarme, sí, amarme, sin sentirme culpable ni egoísta. Escucharme sin juicios, validar mis emociones, educar mi voz interior para que sea mi mejor aliada, silenciar las voces externas que solo hacen ruido y no aportan nada.
Respiro. Me abrazo con compasión, me refugio bajo el amor soberano que me invita a soltar todo lo que está fuera de mi control.
Bailo bolero con mi respiración, sintonizo mi alma en su estación favorita, ahí donde cantan sus sueños, donde la creatividad toma café en el regazo de la gracia y encuentra descanso.
No subestimes el poder de las pisadas fe de una mujer vulnerable decidida a levantarse.
Con el tiempo aprendí que la felicidad es más que sueños cumplidos y vida carente de desafíos. Es la valiente decisión de salir a su encuentro cada mañana, aunque tengamos arrugado el corazón.
Cada día confirmo que los desvíos del camino, los duelos vividos y transformados, y los sueños rotos superados suelen ser milagros envueltos en papel periódico, gracia en rosales bordados de espinas, oportunidad vestida en harapos.
Existe un sentido de propósito reservado especialmente para las que transforman en confeti el polvo de su desierto.
Amor y Gracia,
Sandy


