Y me dije a mí misma, con mucho amor y comprensión: “Eres libre de decir ‘no’ sin dar tantas explicaciones.”
Para ti, aprendiendo a respirar sin pedir permiso…
No hubo alfombra roja, banda musical ni aplausos. No me recibieron con entusiasmo, palabras de afirmación ni un lugar especial en su mesa.
Hubo silencio, miradas empañadas de juicio y sonrisas forzadas. Hubo resistencia, comentarios disfrazados de buena voluntad y una sensación incómoda en el ambiente.
Ciertamente, fui acogida por sentimientos multicolores: por unas ganas inmensas de llorar, por el anclaje de una fuerza interna que, valientemente, alumbraba el camino. Estaba lista para la ocasión, preparada para elegirme sin cuestionamientos.
Dejé de llamar, dejé de buscar, dejé de esperar. Solté el peso de las opiniones invasivas e hirientes. Corté el yugo asfixiante de las expectativas impuestas sobre mi persona por quienes constantemente critican, restan, drenan y cansan. Hoy hago espacio para lo que sana, nutre, transforma y trasciende.
Como niña segura, en un espacio de amor y aceptación, aprendo a escucharme sin juicios, a darle espacio a esa voz interior que pide calma y comprensión. Cobijo mi alma bajo el dulce cuidado de la mano soberana que me ama, me cuida y me bendice constantemente.
Como niña curiosa y libre, me encuentro en todo lo que hace sonreír a mi alma, en todo lo que me da paz y me invita a estar bien conmigo.
Amor y Gracia
Sandy


