Alma mía, te escucho con amor y comprensión. Háblame de dónde sonríes y te sientes en armonía.
Querida amiga,
El tiempo y sus circunstancias han sido un verdadero gimnasio para tu alma. Por supuesto, tu fe ha sido la clave de tu coraje, principalmente cuando no hay visibilidad, cuando todo se derrumba y nada parece funcionar.
Desde la firmeza que solo florece en saber que eres amada y protegida por Dios, caminas en dirección a la tormenta con curiosidad y determinación, consciente de que, por más fuerte que ruja el viento, el propósito divino jamás será abortado.
Te permites sentir a todo color, abrazar la incomodidad temporal, llorar, pero no desde el desconsuelo y la derrota, sino desde la autocompasión amorosa que entiende, acompaña y sostiene.
La mano soberana que te acompaña perfuma tus huellas con dignidad, te capacita para moverte desde la perspectiva superior del “para qué “ y, en esa armonía interior, te reconstruyes, te reinventas, te transformas y te levantas.
Y por eso te admiro.
Amor y Gracia,
Sandy


