El día que Dios sonrió y me guiñó el ojo

La oración mueve montañas, pero si la montaña no se mueve, no es que Dios no me haya escuchado; sino que está creando espacio en mí para recibir sus bendiciones.

Cuando su gracia se hace fuerte en mi debilidad…

Verás, un embrollo horrible se posó en mi ventana, haciendo caras feas, exigiendo atención.

Día y noche interrumpía mis pensamientos con rumiaciones de resentimiento, decepción y futuro incierto. Corrí a los brazos de Dios.

 Le mostré el trabucazo que traía en el pecho, hice visible dónde dolía y puse en sus manos los pedacitos rotos que logré colectar del siniestro. Lloré con dolor, lloré con rabia, expresé sin timidez mi argumento y mi deseo loco de salir disparada de ese nido de víboras. Su gracia me invitó a sostener mis emociones incómodas con serenidad y compasión.

Ser bondadosa y sensible conmigo en medio de la furia de mis circunstancias es una invitación de lujo, una expresión de amor que serena, transforma y crea posibilidades milagrosas.

Es abrazar la incomodidad consciente de su omnisciencia.

Es caminar de frente a la tormenta segura en su cuidado.

Es sentir lo que siento, aceptar lo que es y transitar cada paso honrando mi paz.

Así que cuando ese embrollo se posa en mi ventana y quiere arruinarme el día, respiro, aflojo la panza y recuerdo que todo está en orden divino.


Amor y Gracia,

Sandy

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Sandy
Hola, soy Sandy, amante de la lectura, el café y la escritura sencilla y honesta. Convencida de que existe una complicidad especial entre el silencio y una taza de café caliente entre las manos. Es mi deseo que mis palabras te acompañen, abracen y alivien.