¡Qué linda la mujer que ha aprendido a verse en constante evolución y no como punto final!
Para todas mis compañeras de camino…
Se cansó de perseguir éxitos prestados: esos que se comentan en casi todas las reuniones, los exigidos en su linaje, los que el mundo dicta de acuerdo a las tendencias de moda. Éxitos de fórmulas manoseadas, verdades a medias y corazones insatisfechos.
No tiene todas las respuestas, y tampoco está apurada. Más bien, está aprendiendo a definir su propio mapa de realización personal, descubriendo lo que la ancla, satisfice y abraza con la fuerza chispeante de la plenitud.
Ella abraza la paciencia, decidida a saborear cada parte del camino.
Se cansó de dar hasta el punto de traicionarse a sí misma. La que siempre acompaña, escucha, sostiene, valida; la que siempre está. Aunque la luz de su generosidad brilla desde un amor genuino, comprendió la verdad liberadora: lo que no es reciproco hiere, pesa y ocupa espacio que no le corresponde.
Ella se ama, ella se cuida. Abriga su corazón con limites bordados con hilos de paz.
Se cansó de la autocrítica constante, de esa vocecita inquisitiva que cuestiona, reprocha, culpa, cansa y no para. Está aprendiendo a no quedarse callada, a defender —desde el amor hacia ella misma— sus virtudes, su dignidad, la belleza de su progreso imperfecto, con palabras que calman, animan, sostienen y acompañan.
Ella se habita con amor incondicional y amabilidad. Apuesta por esa libertad dulce y serena en no comparar su vida ni sus procesos internos con el de otras personas.
Honra sus tiempos, su historia, sus aprendizajes.
Amor y Gracia,
Sandy


