Sosteniendo lo que me transforma

A veces nos toca observar la tormenta y otras veces permitirnos ser abrazadas por su fuerza transformadora.

 

Para todas a las que nos ha tocado sostener en el alma tempestades incómodas…

 

“Ding dong”. Llegó un paquete a la puerta de mi corazón, estampado en incertidumbre y angustia, decorado con moña de paciencia.

¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera?

Lo tomé entre mis manos, suspiré. ¡Cuánto hubiera querido tener una varita mágica y hacerlo desaparecer! Me sentí indefensa, con las emociones adobadas en jugo de limón, con unos deseos locos de llorar y poder refugiarme en la magia de un abrazo seguro y sereno.

Lo observé en silencio por un tiempo, luego lo coloqué con cuidado en el armario de mis preocupaciones, justo al lado de la fe, en el mismo tramo de la esperanza y el amor. Me desplomé en llanto y pedí dirección divina. No dije mucho, prácticamente nada; sin embargo, supe que fui escuchada y entendida.

Encomienda impertinente e indeseada, causante de llagas en mi alma, de despertar en mí heridas sin cicatrizar, miedos escondidos, escenarios abrumadores. ¡Qué anhelo de salir huyendo de aquel incómodo lugar! Oré.

Hablé con Dios con honestidad, desde la profundidad de mi propia incapacidad, desde la solidez de su amor y control absoluto sobre todas las cosas. No me guardé nada; expresé abiertamente lo que pensaba, dónde dolía y cómo me sentía. Respiré.

“Ding dong”. Llegó un paquete a la puerta de mi corazón, grabado en aceptación y oportunidad, decorado con moña de gratitud.

Lo tomé entre mis manos, sonreí. No porque mi dilema hubiera llegado a su fin o porque me hubiera rendido ante él, sino porque, al atreverme a abrazar las cosas tal cual eran, la luz de la oportunidad alumbró aquel estrecho e incómodo camino.

Nunca estuve sola: la mano soberana, amorosa y creadora me envolvió en la magia de su abrazo seguro y sereno, ahí, mientras sostenía la ambíguedad en mí.


Amor y Gracia,

Sandy

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Sandy
Hola, soy Sandy, amante de la lectura, el café y la escritura sencilla y honesta. Convencida de que existe una complicidad especial entre el silencio y una taza de café caliente entre las manos. Es mi deseo que mis palabras te acompañen, abracen y alivien.