Que nunca falte en el jardín de tu alma la aprobación que te brindas a ti misma, desde la humildad de un corazón rebosante de gracia y gratitud.
Pensando con mi taza de café…
El silencio tiene fama de discreto; sin embargo, cuando estamos a solas, no para de hablar, de comentar, de expresar con fluidez y destreza verbal sus diferentes puntos de vista sobre todo lo relacionado con mi galaxia interior. ¡Uf! Un tanto desbordante y quizás hasta inconsiderado ya que no toma en cuenta mi simple anhelo de saborear mi café en calma y disfrutar un instante a solas conmigo.
Intento, sin éxito alguno desconectarlo de su fuente de energía a ver si me regala un instante de respiro… y me llevo la sorpresa del siglo: este ruido no es más que mi propia voz interior en su versión más crítica, exigente y rígida. Menos mal que logro identificarlo, y que tadavía me queda cafecito caliente en la taza.
Siento pesadez en el pecho y un nudo en la panza, así que respiro despacio y consciente varias veces, hasta lograr anclarme en el regalo del momento presente.
Lejos de juicios y reproches hirientes, escucho cómo me hablo. Con ternura, misericordia y mucha paciencia, mimo mi alma con palabras amables:
No seas tan dura contigo, Cada vez lo estás haciendo mucho mejor. Antes te dejabas consumir por el ruido del silencio; ahora estás aprendiendo a escucharte sin juicios, a hablarte con amor y compasión. Estos días te ha tocado transitar circunstancias estresantes. No te culpes por estar agotada física y emocionalmente. Mereces descansar, estar para ti y conectar con lo que le devuelve la sonrisa a tu corazón.
Al escucharme con respeto y amabilidad, al responderme con amor y compasión, al interactuar con mi tertulia mental desde una posición serena y amorosa, se crea un espacio en mí armonioso, seguro y digno de ser habitado.
¡Ups! El último sorbito de café… creo que voy por otro.
Amor y Gracia,
Sandy


