El arte de habitarme: el caminito hacia mí

¡Qué linda la mujer que se habla con amor y habla bien de ella misma!

 

 

Para mi amiga, deseosa de poner en orden su mundo interior y a la vez abrumada por no saber por dónde comenzar…

 

Desde la última vez que conversamos, me quedé enganchada al comentario que me hiciste, de querer cultivar tu paz interior, de encontrar armonía entre tus pensamientos y emociones, de habitarte desde la serenidad y el amor, no desde tus miedos ni expectativas externas.

Me identifico mucho contigo, creo que el hecho de reconocer cómo te sientes y expresar tu anhelo de afinar esa disonancia ya es un paso gigantesco a tu favor. Reconocer, aceptar y transformar.

No es que lo haya logrado ni que sea la “ultra plus” en la materia, pero algo me queda clarísimo: se trata más de vivirlo como quien cultiva un huerto que como un destino al que se arriba y ya.

No se obtiene por diploma; es una plantita que se riega y se cuida cada día. Es decidir sostenerte con cariño y, desde ahí, construir puentes hacia los demás.

La buena noticia es que no estamos solas en esta travesía; recibir el amor incondicional de Dios y el regalo de su Gracia es el hogar de paz del alma.

Saberte amada, cuidada, acompañada y dirigida por el Dios creador del universo y de las complejidades del corazón humano es razón suficiente para respirar, sonreír y abrirte al milagro que solo fluye en su compañía.

De la misma manera que el amor de Dios no acepta peros, cultiva el arte de amarte con libertad y compasion.

 Desde ese fuerte de serenidad obtendrás la valentía de conocer y aceptar tus matices, de sentir a todo color, de hablarte con amor y dignidad, de estar a gusto en tu propia piel.

Aprenderás también a transitar los altos y bajos de la vida con una perspectiva más amable hacia ti y, por supuesto, hacia los demás.

Antes de terminar, permíteme recordarte algo muy importate: el mismo día que siembras la semilla no crece el tallo, ni salen los botones, ni florece la flor.

Honra tu proceso de transformación.


Amor y Gracia,

Sandy

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Sandy
Hola, soy Sandy, amante de la lectura, el café y la escritura sencilla y honesta. Convencida de que existe una complicidad especial entre el silencio y una taza de café caliente entre las manos. Es mi deseo que mis palabras te acompañen, abracen y alivien.